martes, 1 de marzo de 2016

RAMBLEJANT EN LOS PRIMEROS AÑOS DE MI VIDA.(AÑOS 1946 Y 1947)

En la imagen superior, con mi tia Montserrat, cuando tenía poco más de un año.( abril de 1946)
En la  inferior, con mi madre Pepita, a la izquierda de la imagen, y mi tía Montserrat, a la derecha, cuando tenía dos años y ocho meses. (Agosto de 1947) 


Buscando en el baul de los recuerdos -- como vulgarmente acostumbra decirse -- he encontrado, entre otras, estas dos fotografías de los primeros tiempos de mi existencia, paseando por las Ramblas de Barcelona, con mi madre Pepita y mi tía Montserrat, que corresponden a los años 1946 y 1947 respectivamente.

Ambas están tomadas en el tramo de Rambla Canaletes, que es la más amplia, y empieza en la Plaça de Catalunya y llega hasta la calle de Tallers. Los otros tramos que siguen, se conoce como Rambla de les Flors, Rambla de Santa Mónica, Rambla dels Estudis, Rambla dels Ocells, Rambla Sant Josep, Rambla dels Caputxins, Rambla de la Boquería, Rambla del Mar y Rambla del Centre.

Mi tía Montserrat era la hermana pequeña de mi madre, que era  melliza con mi otra tía María. Montserrat contrajo matrimonio con José Ferrer Navarro, campeón de España de boxeo de los pesos medios en la década de los años cuarenta del siglo pasado.

Mis paseos por las Ramblas de Barcelona no se limitaron a los primeros años de mi vida. Entre los años 1953 y 1957, residiendo en Barcelona, las tardes de los domingos íbamos al cine Publi, del Passeig de Gracia, que en sesión contínua proyectaban películas de Tom y Jerry (las aventuras de gato y ratón); de Stan Laurel y Oliver Hardi (El Gordo y el Flaco); de Harold Lloyd, entre otras secuencias del cine cómico.

Finalmente dábamos un paseo por la Rambla, sin descuidar efectuar  un alto en el camino en la Plaça Real, con sus bares y terrazas donde se consumía cerveza y se degustaban buenas tapas. Allí empecé a beber mis primeras cervezas, que eran de barril y  se servían en vasos de distintos tamaños.  Estaba fresquísima , y su sabor exquisito, acompañada de unas crujientes patatas fritas de churrería.

Han pasado los años, y todavía es  ahora, cuando muy distanciadamente me desplazo a Barcelona por aquellos contornos, no puedo evitar recorrer de un extremo a otro,  la barcelonesa Rambla, recordando con cierta nostalgia aquellos tiempos que ya no volverán.  

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